Cuatro años después de llegar como agente libre, Brunson cumplió con la misión de traer el título a New York, pese a recibir críticas al principio.
Cuatro años después de llegar como agente libre, Jalen Brunson cumplió con la misión de guiar a New York al título, pese a recibir muchas críticas en su momento.
Brunson nació y fue criado en New Jersey, a unos kilómetros (unas millas) de los túneles y puentes que lo separan de Manhattan y del Madison Square Garden, donde juegan los New York Knicks. Su papá labroó nueve años en la NBA (jugando para los Knicks en dos etapas) antes de pasar a ser entrenador, por lo que eventualmente Jalen tuvo que dejar la zona y reestablecerse en Illinois.
Ahí comenzó el peregrinaje basquetbolístico de Jalen Brunson. Brilló a nivel high school en Illinois. Se ganó una beca para ir a Villanova, universidad históricamente asociada con la zona de Filadelfia, en el estado de Pennsylvania. Fue drafteado en 2018 por los Dallas Mavericks, en el estado de Texas.
Brunson no tenía el pedigrí, por más raro que parezca, pese a ser hijo de ex jugador de la NBA. En Villanova, llevó al equipo a ganar el campeonato nacional de la NCAA en su tercer año, y declaró para el NBA Draft. Pese a lo logrado, Brunson cayó a la segunda ronda, ninguneado por su tamaño (mide 6 pies 2 pulgadas, o 1.88 metros), a pesar de todo lo que hizo en Villanova y en selección, ganando el Mundial Sub-19 y el FIBA Americas Sub-18 con Estados Unidos.
Brown había sido el head coach de LeBron James en Cleveland, sin poder ganar el título. Se fue a los Lakers, una franquicia histórica y ganadora en su ADN, sin poder llevarlos tampoco a su siguiente campeonato. Al igual que Brunson, era una figura infravalorada en New York pese a que todo el mundo dentro de la liga reconocía su talento.
Estudiando las fallas del año anterior, Brown empoderó a la banca de los Knicks en los playoffs y jugó con ellos porciones importantes de los duelos más complicados ante rivales como los Cleveland Cavaliers y los San Antonio Spurs. Labró una racha de 13 partidos ganados en los NBA Playoffs y nadaron contracorriente hacia un campeonato que se había negado por 53 años.
En la duela, Brunson ejecutaba la máxima de su coach, bloquear el ruido externo y enfocarse en el tema plenamente deportivo. Ante los Spurs, Brunson se erigió como un candidato a ser MVP de la serie, aunque desde un inicio, San Antonio era el favorito para ganar. Recibió golpes y agresiones de Victor Wembanyama, la otra gran estrella, sin ser reconocido por los árbitros.
Al final, Brunson tuvo que superar una vez más la narrativa que estaba en su contra. Los Knicks ganaron en cinco juegos, y Jalen recibió el trofeo Larry O’Brien y el NBA Finals MVP de parte de Adam Silver. Mientras su padre, Rick, y su entrenador, Mike Brown, sonreían y aplaudían a una corta distancia, el trío sabía perfectamente que por última vez se superó la idea de que no serían suficientes, ya que dejaron una huella imborrable en la historia de la NBA y la ciudad de Nueva York.